Bienaventuranzas de los jóvenes

Bienaventurados los muchachos y las chicas que hacen de
la vida una ofrenda, un deber y una oblación.

Bienaventurados los muchachos y las chicas que deciden
su futuro orando, consultando y reflexionando.

Bienaventurados los muchachos y las chicas que
postergan su noviazgo hasta consolidar su voluntad,
disciplinar su afectividad y madurar su inteligencia.

Bienaventurados los muchachos y las chicas que optan por
una carrera o un oficio para servir mejor a la comunidad.

Bienaventurada la juventud que se enamora de Cristo y
que quiere proclamar ese amor.

Bienaventurada la juventud que sufre cuando la Iglesia y el
país padecen, y se alegra cuando la Iglesia y la Patria triunfan.

Bienaventurada la juventud que trabaja por la paz y la que
tiene sed y hambre de justicia.

Bienaventurada la juventud que busca primero el Reino de
Dios y lo demás lo considera añadidura.

Bienaventurada la juventud orante, penitente y eucarística.

Bienaventurada la juventud que prefiere perder el ojo, el brazo,
el pie, si ese ojo, pie o brazo son ocasión de pecado.

Bienaventurada la juventud que es fría o caliente, porque
la tibia será vomitada por el Señor.

Bienaventurada la juventud que, como María, se hace
esclava de la Palabra del Señor.

Bienaventurada la Iglesia que cuenta con semejante juventud,
porque el Señor hará grandes cosas con esa muchachada.

Bienaventurada la Patria que cuenta con una juventud
recreada porque renovará su cultura, sus valores, sus instituciones, sus cuadros sociales, sus líneas de pensamiento, sus fuentes inspiradoras y sus modelos de vida y recuperará así su identidad nacional y cristiana.

Monseñor Vicente F. Zazpe, 1980 – Congreso Mariano - Mendoza