MISA CRISMAL: "El sacerdote, al estilo del Buen Pastor está llamado a ser hombre de la misericordia y la compasión"

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El jueves 06/04, nuestro obispo, Mons. Luis Fernández, presidió la celebración de la misa Crismal, junto a los presbíteros de la diócesis, en la Catedral "San Rafael". A continuación, transcribirmos el texto completo de la homilía:

 

Hermanos recordemos en el cap. II, N° 9 de La Constitución «Lumen Gentium» del Concilio Vaticano II. 


“Miren que llegan días en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una Alianza nueva. Pondré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi Pueblo. Porque todos me conocerán, desde el más pequeño al más grande- dice El Señor. 


Pacto nuevo que estableció Cristo, es decir el Nuevo testamento en su Sangre, convocando un Pueblo de entre los Judíos y los Gentiles, que se harán unidad, no según la carne, sino en el Espíritu, constituyéndose un nuevo Pueblo de Dios. 

Por lo que creen en Cristo- renacidos de germen no corruptible, sino incorruptible, por la Palabra de Dios vivo, no de la carne, sino del agua y del Espíritu Santo- son hechos por fin linaje escogido, sacerdocio real, unción santa, pueblo adquirido por Dios. Aquellos que en otro tiempo no eran pueblo y son ahora Pueblo de Dios. 

Ese Pueblo mesiánico tiene por cabeza a Cristo, que fue entregado a la Muerte por nuestros pecados y Resucitado para nuestra Salvación, habiendo conseguido un nombre que está sobre todo nombre y que reina ahora gloriosamente en los cielos. 

Poseen los que forman este Pueblo la dignidad y libertad de los hijos de Dios, y en sus corazones habita el Espíritu Santo, como en un Templo y tienen por ley el mandato de amar como el mismo Cristo nos amó. 

Pueblo que tiene como objetivo y fin dilatar el Reino de Dios”. 


Queridas hermanas y hermanos en El Señor Jesús, Único y Eterno Sacerdote, Ungido para Ungir, al Pueblo Santo de Dios. 

Estamos viviendo uno de los Signos más expresivos de la Diocesaneidad, donde todo el Pueblo de Dios, Laicos, Religiosas, Vírgenes Consagradas, Diáconos y Sacerdotes en comunión y unidad junto al Obispo, Celebramos «LA VIDA DE DIOS». La Misa Crismal, donde serán Bendecidos los Oleos y Consagrado el Crisma, «fuente y origen», de la Vida de Gracia, que nos traen los Sacramentos (signos eficaces de la presencia del amor de Dios, que nos dan la Vida Nueva de la Pascua de Jesús), que nos preparamos a Celebrar la semana próxima. 

Jesucristo el Testigo fiel, el primero que resucito de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso, presente aquí, nosotros su Cuerpo, La Iglesia, llena de Gracia, consagrada y Ungida, esta noche, para llevar la Buena Noticia a los pobres, anunciar la liberación a los cautivos, y la vista a los ciegos, a dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de Gracia del Señor, hoy esto se cumple, se está realizando en medio nuestro, Iglesia viva de Cristo. 

Todos Ungidos, para vendar los corazones heridos, libertar a los prisioneros, consolar a todos los que están de duelo, a cambiar la ceniza por una corona, su ropa de luto, por el óleo de la alegría, y su abatimiento por un canto de alabanza y ustedes serán llamados sacerdotes del Señor, se les dirá Ministros de nuestro Dios. 

Desde el Bautismo, todos queridos hermanos, formamos el Pueblo de Dios, participando de la vida de Cristo; Sacerdote, Profeta y rey, es la misión de todo el Pueblo Cristiano en la Iglesia y en el mundo. 

Si amigos, ustedes los Laicos, son mujeres y hombres de la Iglesia en el corazón del mundo, y mujeres y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia. Ungidos por el Sacerdocio común de los fieles, con la misión de transformar el mundo y la creación según los criterios del Evangelio. 

Laicos llamados a evangelizar el mundo amplio y complejo de la política, de la realidad social y de la economía, haciendo esta nueva cultura, hoy globalizada, recreando las ciencias las artes, usando las redes, y los infinitos medios de la comunicación. Son todas realidades que esperan de ustedes, no la descalificación o el juzgar, sí el crear y el discernir lo que contribuye a la evangelización de un mundo más humano y cristiano, donde el amor y la vida de familia, se viven con coherencia, haciendo creíble la fe que profesan. Así están llamados a vivir en un estado de misión, de compromiso al vivir con dignidad, en la austeridad y el sacrificio de una entrega como la de Cristo. 

Pueblo de Dios, hoy presente aquí en la Vida Consagrada, de tantas hermanas Religiosas, de las Vírgenes, regalo de Dios en la Iglesia Diocesana, sea en la Vida Monástica, sea en la caridad y el servicio a los más pobres y olvidados, con Hogares de niñas y de ancianos, sea ayudando a crecer formando, enseñando en los Colegios o con la presencia de Vivir con sencillez las Bienaventuranzas no como algo intimista, sino en la realidad sufrida de cada día, viviendo los votos, con sencillez y apasionadas por los pobres, en quien ven a Jesús, viven con un corazón indiviso, con una alegría que no es de este mundo, porque no la pierden, ni aun cuando las cosas se presentan difíciles o duras, transformando lo imposible en un nuevo desafío, porque viven los votos y promesas con fidelidad. 

Pueblo de Dios, hoy aquí reunido, discípulos misioneros de Jesús Servidor, que son los Diáconos Permanentes, viven en esa doble sacramentalidad del matrimonio y del Orden. Servidores de la Palabra de Dios, de la caridad a los hermanos y de la Liturgia, en comunión con los presbíteros y el Obispo, disponibles, hacen sobretodo presente al Cristo servidor, cercanos a los más necesitados son testimonio de la caridad de Jesús, al lado de los enfermos, en las cárceles, en las periferias barriales, y existenciales, dando una mano a los excluidos de la sociedad, a las víctimas de la violencia. En ellos hace Cristo lo que más le gusta hacer, estar con los pobres y olvidados de este mundo. 

Queridos hermanos, concluyo con lo que en cada Misa Crismal es también esencial de la Vida de Dios y de la Vida del Pueblo de Dios, como es la presencia del Sacerdote Ordenado, es decir nuestros curas, párrocos, Vicarios, que viven en nuestras Parroquias, que cada día presiden esa pascua cotidiana de Jesús que es la Santa Misa, donde se actualiza el Misterio más grande del amor de Dios que es la eucaristía, Su Pasión, Su Muerte y Su Resurrección, que Viviremos la Semana que viene, Semana Santa. 

Este Sacerdocio Ministerial Ordenado, está al Servicio del sacerdocio común de los fieles, no son un delegado o un representante de la comunidad, sino un don para el Pueblo de Dios, por la Unción del Espíritu y por su especial unión con Cristo Cabeza, que no vino a ser servido, sino a servir a los hermanos. El Celibato posibilita una especial configuración con el estilo de vida de Cristo y lo hace signo de su caridad pastoral, en la entrega a Dios y a los hombres con corazón pleno e indiviso. 

El sacerdote, al estilo del Buen Pastor está llamado a ser hombre de la Misericordia y la compasión, cercano a su Pueblo y servidor de todos, particularmente de los que sufren grandes necesidades (dice el Documento de Aparecida). 

Antes de ser Maestro, el sacerdote tiene que ser <Discípulo- Misionero>, hombre de la comunión. Solo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una Parroquia, siendo ardoroso misionero que sale a buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración. Es el hombre que con creatividad e imaginación trabaja junto al laicado y los consagrados, buscando entre todos en una pastoral orgánica, encontrar respuesta a los muchos y siempre cambiantes desafíos que plantea la realidad. 

Vamos ahora queridos hermanos a participar del momento en que el Presbiterio de la diócesis de Rafaela, volverá a realizar las promesas sacerdotales, renovando la entrega del Único y Eterno Sacerdote, Cristo, del cual todos participamos. 

Que María de Guadalupe Patrona de esta Iglesia Diocesana, nos siga mirando con la ternura de su amor de Madre, y no deje nunca de recordarnos lo que le dijo al Indio San Juan Diego: “ Hijo no temas, acaso no estoy yo aquí que soy tu madre, para cuidarte y defenderte…” Amén. 

Mons. Luis Alberto Fernández, obispo de Rafaela